‘Madrugá’ del Viernes Santo
«Corre, corre, que llegamos a ver al Manué en la Cuesta del Rosario».
En la entrada de la Plaza de El Salvador solo se escucha la voz grave y serena del capataz motivando a sus muchachos, los del costal. Se acuerda de un hermano enfermo, de una Madre que se fue o de un Hijo que murió. “Va por todos los que lo están pasando mal, que son muchos en esta época de crisis y necesidad. ¡Arriba valientes!” grita emocionado, entregado. Sevilla se queda pequeña para el orgullo y se hace demasiado grande para dejar indiferente. Hay fe y sentimiento, hay elegancia y devoción.
Una corneta llorona y un bombo solitario anticipan un cambio de ritmo; «cómo bailan los de Triana». Espectáculo para unos y devoción para los que importan, los jóvenes lloran en los portales de la calle Pureza mientras, en casa, esperan a la Esperanza con las puertas abiertas y el corazón ‘encogío’. Cuatro pasos hacia dentro, cuatro pasos hacia fuera, no quiere pasar, no quiere dejar a su gente, quiere seguir callejeando.
«Esta chicotá va por todos los trianeros»
No es demasiado tarde ni demasiado pronto, no hay calles vacías, no es lo mismo verla ir que verla volver como no es lo mismo en Sierpes que en Reyes Católicos. A lo lejos se oyen los tambores de la Centuria, orgullo y disciplina parecen decir,“es imposible llegar a la Macarena” murmulla el tumulto. No se oye ni el viento cuando “El Señor de Sevilla” vuelve a su sitio, a su plaza, a la Plaza de San Lorenzo.
Señorío y Esperanza, silencios, lágrimas y aplausos, eso es Sevilla, Sevilla, en esta primavera, en esta Semana Santa.
Más:
Recopilación de textos sobre Semana Santa [20 min aprox] – vía Taurología.com



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