En España somos la primera potencia mundial en cargarnos las ruedas de prensa, parece que hay pique al respecto entre políticos, empresarios y deportistas. Mónica Oriol, Ana Mato o José Mourinho. En unos casos se saltan el filtro y en otros faltan ‘skills’ pero todos son errores estúpidos por innecesarios. Siempre es una pena que un buen mensaje se pierda por las palabras equivocadas, y hablo de Mourinho, por supuesto.
Cada vez es más difícil diferenciar una «rueda de prensa» de una «nota de prensa». Las dudas empezaron cuando no se admitieron preguntas -hace ya mucho tiempo-, se incrementaron cuando en vez de una convocatoria de prensa los periodistas recibieron una entrada de cine y se han confirmado con la lectura por triplicado de la misma información, eso sí, por dos autoridades diferentes, junto con un trailer de errores más.
Yo no soy periodista y de teoría sé más bien poco pero preferiría un PDF a una sesión de lectura. Cuestión de la tan ansiada productividad. Tras la poda salarial del sector periodístico, muy superior a la de los árboles de Madrid, el IVA cultural de la película presidencial, de cobrarse, sería un lujo inasumible. Una rueda de prensa sin preguntas resulta etimológicamente muy ofensiva, es publicidad.
No nos extrañemos si los periodistas, siempre tan difíciles de convocar antes de las diez de la mañana o a última hora de la tarde, toman cada vez menos notas y miran cada vez más Twitter. No parece difícil saber por qué.



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