Dicen que la abundancia de información internet hace cada vez más complicado distinguir lo que es bueno de lo que no. Aseguran que la calidad se diluye en la abundancia y creo que no se equivocan. Si atendemos a los números del tráfico de datos en internet podemos sacar la misma conclusión de los archivos de vídeo. Ya vemos cómo las redes fotográficas tienen un crecimiento enorme (y como otras se adaptan a ello), el vídeo es el siguiente paso.
La calidad en el vídeo es más importante si cabe que en el caso de los post en el blog corporativo pues los espectadores están acostumbrados a un canon muy elevado, concretamente el del HD que ofrecen los canales de la TDT, los DVD o el Blue Ray o cualquier videoclip de Youtube. No digo que deban tener esa misma calidad, digo que ya imponen un máximo. Si tuviera que elegir un mínimo para una comunicación empresarial sería la calidad de un iPhone con buen audio, no siempre fácil de conseguir.
Por si no fuera ya complicado, las grandes empresas disponen de amplios presupuestos publicitarios y son capaces de producir vídeos de animación, manos dibujando a toda velocidad e incluso bandas sonoras corporativas. Como he dicho, no se trata de competir en complejidad o florituras, se trata de competir en calidad, calidad del contenido y el debido cumplimiento de los mínimos de calidad de vídeo y audio.
En definitiva, los vídeos corporativos no deben parecerse a los familiares.
La tendencia complementaria, o derivada, de este auge del vídeo es el streaming o retransmisión en directo, y es igualmente imparable. Los beneficios de esta tecnología son innumerables pero ante todo permite multiplicar la productividad de cualquier evento, seminario, conferencia o curso, ya que si se retransmite por internet el público potencial solo estará limitado por el idioma, y ni siquiera pues hay soluciones también para eso. Y sí, todo es dinero para hacer un evento así y por ello se inventaron los webinars o conferencias interactivas por internet, mucho menos comerciales pero igualmente efectivos. Además, la opción de tener grabada cualquier cosa permite la creación de un fondo documental enormemente valioso y rentabilizable de muchas formas distintas, tanto a corto plazo como a largo.
Hay algunas señales que permiten anticipar este éxito y no voy a caer en hablarles de YouTube, ese especie de base de datos audiovisual, y el número de gigabytes de vídeos que se suben diariamente. La red social Vine me parece un gran ejemplo, la posibilidad de que Instagram reproduzca vídeo no es sino un paso en la dirección correcta y los desarrollos de Twitter y Facebook para que el vídeo no solo aparezca en grande y embebido sino que además se reproduzca automáticamente cuando el usuario los tiene en pantalla son tres claras señales de que el cambio es imparable.



0 comentarios