Las pasiones son aficiones unidas a la personalidad, son más que un hábito pero menos que una obsesión, quizá una inclinación o, en lenguaje taurino, más español, una querencia. Creo que por eso las pasiones dicen tanto de nosotros, que por eso nos definen.
Con mucha suerte y una brutal capacidad de trabajo podemos dedicarnos a ellas profesionalmente (o en su defecto hacerlas compatibles con el trabajo habitual) y evitar la desesperación que producen las pasiones huérfanas. Un poco de humildad nunca está de más ya que no es lo mismo pintar cuadros que coleccionarlos, lo primero requiere tiempo y talento, lo segundo gusto y dinero. Es inteligente saber hasta dónde podemos llegar y hasta dónde no. En mi caso el tema es sencillo: me apasiona escribir. Fácil, gratis y para toda la familia.
Y me da igual de qué aunque supongo que siempre hay límites ya que hay muchas formas mejores de aburrirse que escribiendo un tostón. He escrito sobre historias familiares, sobre fondos de inversión pasando por cine de ciencia ficción entre otros muchos y, definitivamente, el tema no me parece importante en la medida que no pretendo enseñar sino contar. Y hacerlo con personalidad propia, con creatividad, con sentido del humor.
También me da igual el cómo, unas líneas en el móvil o en la mano, a veces incluso una nota de voz, porque cuando aceptas que algo te apasiona de verdad y te va a acompañar toda la vida lo haces parte de ti. Y los escritores llevan libretas, duermen con libretas y siempre llevan un boli. Si tuviera que elegir el momento perfecto sería cualquier sábado o domingo por la mañana –para evitar las hordas de niños– sentado en cualquier terraza con un portátil –lo de la libreta pasa por bohemio pero no soy gilipollas–, un café con leche y un vaso de agua.
Con el cuándo, sin embargo, siempre hay algún problema pues la inspiración es caprichosa, y manipuladora, y engañosa… Uno puede describir una idea con relativa facilidad pero crear una idea nueva y transcribirla no es algo tan sencillo. Primero hay que tenerla, después hay que desarrollarla, ordenarla y presentarla y, claro, esto requiere tiempo, tiempo de reflexión, un recurso cada vez más difícil de conseguir en la sociedad moderna.
Y como es normal, las pasiones conllevan una meta, un sueño. En el caso de los juntaletras aficionados o profesionales, como parece lógico, es escribir un libro. Y en mi caso me da igual de qué, cómo y cuándo. Uno escribe y escribe, normalmente de cosas de trabajo, pero no he conseguido terminar una historia completa. Me falta continuidad.
Optimista hasta la inocencia, soy de los que creen que si se quiere se puede, por ello lo importante es aceptarlo –y practicar–, todo lo demás, poco a poco, llegará.



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