Condiciones de salida

13 Nov 2013

Un bucle o ciclo, en programación, es una sentencia que se realiza repetidas veces a un trozo aislado de código, hasta que la condición asignada a dicho bucle deje de cumplirse.

Los bucles se pueden encontrar en muchos programas informáticos. El más conocido, seguramente, sea Excel. Si escribo una fórmula para que la celda siguiente sea igual a la anterior más dos, estaré creando un bucle, un bucle que podría definir como: Celda anterior + 2. Se trata de un proceso repetitivo, siempre la misma operación.

Entrar en bucle es peligroso por la dificultad de salir o escapar según el lenguaje de los programadores. Éstos suelen establecer lo que se conoce como Condición de Salida, lo que viene a ser una puerta trasera. Por ejemplo, los anuncios web. Esas imágenes que pasan una y otra vez anunciando algo, son un bucle, un bucle que tras darse la condición de salida (que termine el pase de diapositivas) tiene la orden de volver a empezar, haciendo indefinida en el tiempo la serie de imágenes.

Por otro lado, conviene discriminar entre los positivos y negativos. Los primeros suelen llamarse inercias y siempre, siempre, siempre tienen más condiciones de salida que los negativos, por eso son tan efímeros. El del Barca ha durado demasiado. Los segundos se conocen como agujeros y pueden durar una eternidad. Me ahorro el comentario sobre el Real Madrid. Todos hemos ido «como un tiro» y todos hemos formado parte de una «bola que cada vez se hace más y más grande».

Los humanos inventamos los bucles y su código, seguramente, inspirados en nosotros mismos pues nuestro comportamiento está plagado de ellos, de bucles actitudinales. Algunos han sido alzados al nivel de rutinas y cumplen la misma función que un bucle en programación, ahorrar esfuerzo. La única diferencia es que un ciclo bien hecho en programación es mucho más fácil de modificar que un bucle en la actitud de una persona. Nos gusta una chica que nos rechaza y nos gusta todavía más, permitimos por no discutir y salimos escaldados, nos quejamos del precio de un café o del tabaco pero pagamos 12 euros por una copa o, una de mis favoritas, pensamos «hoy llamo a Borja» pero siempre nos parece mejor mañana. Éste es nuestro código y está escrito en refranes y canciones populares. Y en los anuncios de Google.

La sociedad, como buen sistema de individuos, es heredera de esta maldición que bien podría haber escrito Murphy. Queremos que nuestro sistema eduque mejor a nuestros jóvenes pero no queremos ni oír hablar de competitividad, queremos que nos bajen los impuestos pero pagamos sin IVA, queremos que nuestros ahorros generen más ahorros pero no tenemos ni idea de cómo hacerlo y «un 8% al año sin riesgo» nos parece cojonudo, queremos una sanidad sostenible pero vamos a urgencias por un arañazo, queremos nuestras calles limpias pero lo tiramos todo por los suelos, queremos un transporte público más barato pero si no hay guardia saltamos la barrera de Metro. Son bucles sin, a priori, escapatoria puesto que deseamos el cambio pero el precio nos parece inasumible. A nosotros, las personas, los cambios nos llevan esfuerzos, a las empresas dinero y a los gobiernos, votos.

Necesitamos condiciones de salida y las necesitamos ya, tanto para nosotros como para nuestra sociedad. Estamos inmersos en muchos bucles negativos sin salida como la educación, el endeudamiento de las familias, la sanidad pública, el concepto de democracia o el de Estado de Bienestar. Siempre fuimos de repicar en misa.

Desde niño me han dicho que el hombre siempre tropieza dos veces con la misma piedra. La sociedad lo hace casi indefinidamente. Ahora puedo responder que  faltaban programadores o sobraban políticos.

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