El de Minnesota

3 Mar 2014

(O ¿dónde cojones está Martínez Campos?)

No suelo coger taxis, no los necesito en mis quehaceres diarios. Solo hay dos que, sin excepción, sí cojo. Cada fin de semana, ya sea sábado o domingo, uno de esos coches blancos me lleva directamente a casa de mis padres donde, además de una siempre reconfortante conversación, me espera el añorado rancho, ahora con mimbres de bacanal y lujo. El otro me devuelve a mi humilde morada.

Hoy ha sido un domingo como otro cualquiera salvo porque en vez de ir a comer, he ido a desayunar. Tenía plan en un restaurante asiático-americano en la otra parte de la ciudad y como era costumbre cogí un taxi para mi siguiente destino.

–Hola, buenos días.

–Buenos, buenos días señor –dijo con firmeza.

–Vamos a la Glorieta de Iglesia, por ahí por Santa Engracia.

–Sí, sí, ya sé dónde es –dice pausado y pensativo–. El tema es por dónde ir… –añadió bonachón.

–Hombre, se me ocurre cruzar el puente de Juan Bravo y seguir…

–Uy no, eso es mucha vuelta. Quite, quite… Vamos a preguntarle al Tom-Tom este que lo sabe todo.

–La verdad es que sí, son una maravilla, yo teng…

–Bueno el que lo sabe todo no es éste –dijo señalando al GPS– el que lo sabe todo de verdad es el de Minnesota, el del ordenador y eso. Qué jodío el tío…

Maps1

Se subió las gafas de sol al pelo y se puso otras para leer al son de «vamos a veeer». Mantenía el coche a pocas revoluciones, a no más de 30 kilómetros por hora, mientras intentaba acertar con su choriceros dedos en las diminutas letras de la pantalla táctil, algo conscientemente por encima de sus posibilidades.

–¿Pero por qué no me sale la calle que quiero cojones? Disculpe mi lenguaje si le molesta, es que el de Minnesota me está jodiendo. Mejor dicho, nos está jodiendo el cabrón. No me sale automático y si le doy a esta calle vaya usted a saber dónde nos manda.

Sorprendido yo, no supe qué decir, me entraba la risa.

–¡Ah! ya está, ya la ha cogido bien pero… pero…

–¿Qué sucede? –pregunté curioso.

–Pues qué va a pasar, que ya está el de Minnesota otra vez… ¿No son tan listos? ¿No pueden vernos a todos y esas cosas? Pues si lo pueden todo, nos están jodiendo. A los dos.

–Seguro que no es para tanto, nos acercamos más o menos y ya está ¿no? Pero vamos, lo que usted diga que para eso el profesional –dije con cierta sorna y sin apenas poder vocalizar por las carcajadas.

–Pero si ir, sé ir. Por eso usted no se preocupe que va a llegar puntual a su comida. Pero es que, fíjese, le digo al Ton-To que me muestre las calles por las que hay que pasar, ya sabe usted, en modo lista que el mapa no me gusta mucho, y se salta las más importantes. Este tío de Minnesota es un inútil, si es que tanta hamburguesa de Milwaukee no puede ser buena.

–Qué va a saber un americano de nosotros –animé.

–Y tanto, todo el día de desfile en desfile, comiendo hamburguesas… Seguro que el de Minnesota cabrón no sabe ni dónde está España. Pero es que el muy mamón se ha saltado Serrano, la Castellana… ¡Joder, hasta Martínez Campos, que es la única por la que se puede ir! Que jodío el de Minnesota…

Seguía sin saber ni poder articular palabra. No podía creerme lo que estaba pasando.

Con un movimiento de cejas digno de estudio, mi amigo se bajó las gafas de sol del pelo y se las puso sobre las gafas normales con un precisión milimétrica. La aparatosidad del remedio le obligaba a echar la frente hacia atrás cada vez que quería mirar la pantalla. Mi amigo continuaba con su monólogo consciente de que me estaba divirtiendo mucho aunque me hubiera sentido más seguro. Desvergonzado yo, quería más.

–Ahora que estoy mirando la pantalla, sí que es verdad… ¡Qué cabrón el yanki! Se le han pasado las calles más importantes…

–Claaaarooo Pero si es que, si un guiri llega hasta aquí con el Tom Tom, debería preguntarse dónde está su destino, porque, según la lista, hay que pasar de Serrano a la Glorieta de Iglesia, así, en un santiamén, y ya me dirá usted qué hace un guiri en Serrano buscando la Glorieta de Iglesia… A dónde vamos a llegar. ¿Y la Castellana? ¿Ande está la Castellana, la vía principal, la columna vertebral de esta ciudad? A ver si te enteras Minnesota, que no te puedes comer la Castellana… ¡Gordo!

Indignado con el GPS, calló durante unos pocos segundos. En el coche sólo se escuchaban mis risas. Tampoco podía articular palabra. Mi amigo conductor siguió con el trayecto mientras comentaba los diversos errores de aquel invento del demonio.

–¡Pero cómo me llevas por ahí! ¿no ves que es prohibida? –espetó al aparato– Eso sí, esta yo ya me la sabía porque los compañeros nos contamos estas cosas por la radio sabe, como con los atascos, las obras o los puticlubs. Y mire, ahora me dice que gire aquí pero como puede usted comprobar aquí girar, lo que se dice girar, viene estando prohibido…

–Este Minnesota… –dije vacilón.

–Éste, éste, cuando tocaba hacer la Castellana en el mapita, dijo: «que se joda Manu, le vamos a quitar la Castellana del mapa. Y de paso Serrano también». Y aquí estoy, con un cliente que quiere llegar a su destino, muy bien vestido por cierto, por el camino más corto y el mamón de Minnesota no me deja… ¿Y joder, Martínez Campos?

¿Dónde cojones está Martínez Campos «my friend»?

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más artículos

26 de febrero

26 de febrero

Ya es otra vez 26 de febrero y, como cada año, un tsunami de sentimientos arrasa toda mi realidad para recordarme quién soy y de dónde vengo, para recordarme quién es mi padre y el privilegio que eso ha supuesto. Me digo a mi mismo que mientras él viva en mi memoria...

Las 3:30 ya no son lo mismo

Las 3:30 ya no son lo mismo

Hace ya más de 15 años de mi salida de la universidad pero el paso del tiempo no me ha hecho perder memoria. Estudiar en horario de tarde –fui de esos afortunados– tiene sus propias vicisitudes: empiezas las clases a las 15:00 y terminas a las 21:00, un horario que no...

Enganchado a Carmen Mola

Enganchado a Carmen Mola

La realidad es que fue una casualidad que empezara a leer La Novia Gitana, fruto de un viaje con tiempo libre, pero fue empezar y no parar hasta que lo devoré. Los mismo sucedió con los dos siguiente libros, y solo me queda el último por leer. Aún no lo tengo pero no...

Nota: En calidad de Afiliado de Amazon, obtengo ingresos por las compras adscritas que cumplen los requisitos aplicables.

iPetitz
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.