Publicado originalmente en Instagram (@ipetitz)
Llegué a Barbastro hace casi cuatro años. Y aunque no encontré lo que buscaba, me llevo mucho más de lo esperado.
Aquí supe que iba a ser padre, compré la casa que nunca soñé, nació mi hijo, Íñigo, y volví a tener abuela muchos años después.
He disfrutado del mejor ternasco de mi vida, de las setas en todas sus formas y he aprendido a apreciar el buen vino.
He vivido el inicio de la Causa de Beatificación de 252 mártires y una Semana Santa distinta a la que conocía y de la que soy, junto con mi hijo, orgulloso hermano.
He llevado mi empresa a máximos de facturación y también he vivido algunos de los momentos más duros que puede atravesar un empresario.
Aquí incluso fundé un partido político.
Y también aquí la vida decidió girar. Fracasé en lo más importante: me divorcié.
En Barbastro me he sentido muy querido y también muy solo. He desayunado migas con vino y Casera, pero también café con lexatin. Llegué siendo un joven idealista y me voy siendo un adulto, y padre, con los pies en la tierra.
Pero no solo han pasado cosas, aquí han pasado personas, algunas de las cuales no puedo dejar de mencionar (y me dejo algunas):
A “Mi” grupo de mamis -y algún papi- del parque… por hacerme sentir una más.
A Edith y Amada, por darme más de un abrazo cuando lo necesitaba.
A Mikel y Miguel por acercarme un poco más a Dios.
A Don Omar, por bautizar a mi hijo y celebrar la misa más bonita que recuerdo en memoria de mi padre.
A “las Lauras”, porque unas pocas palabras hacen magia.
A Loly y Tere, por cuidar de mi hijo y hacerme sentir un buen padre.
A Rafa, por confiar en mí para intentar cambiar las cosas. España necesita un nuevo horizonte y más personas como él.
A Ana y Fer, por ser un ejemplo de entrega y resiliencia respectivamente. Les admiro.
A María José y Joaquín, por ser isla en mitad de la tormenta, aunque nada evitara el naufragio.
A Teresa, abuela, por acogerme en su casa como un nieto más y decirme siempre la verdad.
El martes 7 de abril me fuí. Y aunque hay ya cientos de kilómetros de distancia, los afectos no entienden de métricas. Barbastro y todas las personas que quiero se quedan conmigo para siempre. Nos volveremos a ver. Gracias por tanto.



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